Hace un par de meses estando reunido con algunos amigos,
como inician casi todas las ideas que tengo para publicaciones de este blog,
platicábamos de como enfrentamos los diferentes retos sociales.
Particularmente discutíamos el impacto que podrían, o no,
tener los grupos de personas que se manifiestan en las calles en pro de obtener
alguna demanda.
En la ciudad de Guadalajara, desde donde se redacta este
Blog, no vemos la cantidad de manifestaciones que suelen existir en la capital
del país, por ejemplo, sin embargo cada vez son más grandes y más frecuentes.
Es cierto que las manifestaciones a lo largo de la historia
de México han contribuido a dar pasos necesarios y firmes hacia un futuro mejor
y más brillante. Pero, ¿Siguen siendo efectivas? ¿Quién escucha ya las demandas
que se gritan en la calle?, ¿Es hora ya de modificar la manera de manifestarnos
para lograr un mayor impacto en quien tiene las decisiones?
Es mi opinión que salir a la calle a quejarse del gobierno está
ya sobrevalorado, si no es que obsoleto. ¿Por qué? Bueno pues porque las
protestas e incomodidades que son el medio por el cual llegaba el mensaje se
quedan en las personas inadecuadas.
Supongamos por un momento que un grupo de personas y yo
estamos en desacuerdo con que el gobierno quiera cobrarnos un nuevo impuesto a
respirar, así que nos organizamos y salimos a marchar al centro de la ciudad.
Somos alrededor de 500 personas y marchamos con pancartas y
gritos desde la catedral hasta casa Jalisco donde nos quedamos un par de horas más
para seguir gritando. Sería bueno pensar también que el rango de edad de los
que estamos en esta manifestación esta entre los 17 y los 25 años (que es el
rango que normalmente encontramos en una manifestación).
Ahora pensemos en los grupos de personas que se enteran de
este movimiento:
Primero están los participantes, desde luego nosotros
estamos bien enterados del problema, tanto que estamos convencidos de que no
nos gusta y queremos cambiarlo ¡POR ESO ESTAMOS AHÍ!
Después vienen los vecinos de la zona por donde pasamos,
estas personas podrían escuchar de primera mano nuestras demandas, entenderlas
y empatizar con nuestra causa. Pero tenemos un pequeño problema, Nuestra acción
repercute negativamente en sus negocios y en sus casas lo que provoca que se
cierren a cualquier probabilidad de empatía.
Tercero los gobernantes, Por fin un grupo que, de hecho puede
hacer algo al respecto del problema. ¿Ellos pueden escucharnos? Por supuesto
que pueden, pero igual que si les mandáramos una carta, un email o se lo sugiriéramos
a nuestro diputado local, hacen caso omiso. ¿Por qué? Porque ellos solo están preocupados
por una cosa y eso es salir del puesto con los bolsillos más inflados que como
llegaron.
Por último esta la gente de a pie, las personas que se van a
enterar por la televisión o por el radio (el aparato ese que escuchaba su
abuelito y que no tiene imágenes), pero esa gente que se entera por medios
masivos escuchan y ven lo que el gobierno, es decir los mismos tipos del punto
anterior, quieren que vean y escuchen.
¿Cuál es la solución? Desgraciadamente, amigos
revolucionarios, no hay una de tajo. Cambiar la forma en que nos enteramos y
nos expresamos es un buen comienzo. En mi opinión las manifestaciones del
futuro se van a dar en redes sociales, donde; aun con intentos de represión; la
gente se las ingenia para seguir diciendo lo que tiene que ser escuchado.
No dejes de manifestarte, hazlo de manera más inteligente.
Si eres agresivo con quien tienes que ser agresivo pero amable y paciente con
quien tienes que serlo lograras mejores resultados.
Déjame tus comentarios ya sea que estés de acuerdo o no,
quiero saberlos.
1 comentarios:
Al que no habla Dios no lo oye. En el pedir está el dar.
Es conveniente manifestar opiniones y necesidades pero haciéndolo de la forma y lugar adecuados.
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