No es secreto para nadie, ni mucho menos, el caso de los normalistas de Ayotznapa. Y lo peor, no sólo no es secreto, no es algo nuevo. Y no me refiero al gobierno de Enrique Peña Nieto solamente, desde sexenios pasados, por no remontarnos a los inicios de la república postrevolución, las personas que se atreven a levantar la voz en contra del gobierno, en la mayoría de las ocasiones de derecha (el único que se podría salvar de esta acusación sería el de Lázaro Cárdenas), son desaparecidos o asesinados con todo el cinismo del mundo.
La represión, en todas sus formas (físicas e, incluso, intelectuales) es la herramienta más efectiva que tiene un gobierno para mantener a raya a sus gobernados. El miedo hace que la gente no se atreva a luchar por un futuro mejor. Y peor aún cuando ese mismo gobierno convence a la gente de que luchar por una vida mejor está mal, cuando ese pueblo está convencido de que es mejor agacharse y trabajar en una oficina que pague poco a dejar la mediocridad para intentar conseguir algo mejor.
Evidentemente nadie le asegura a cualquier persona que obtendrá los resultados que espera de su lucha, o que los obtendrá su descendencia, pero ¿no vale la pena dejar de comer mierda jugándose un volado entre comer en un bufete de comida real y no comer cosa alguna?
Yo con esto no trato de convencerlos hacer tal o cual cosa. Al final es a usted mismo a quien le tiene que rendir cuentas.
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